lunes, 16 de febrero de 2015

Mensaje de Cuaresma 2015 del Papa Francisco

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2015 Fortalezcan sus corazones (St 5,8) Queridos hermanos y hermanas: La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos. Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia. La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan. Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida. El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación. 1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre. La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26). La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos. Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación. 2. « ¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31). Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones. En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia. La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897). También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón. Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres. Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad. Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia. 3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia? En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración. En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad. Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos. Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro. Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia. Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde. Vaticano, 4 de octubre de 2014 Fiesta de san Francisco de Asís Franciscus Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2015 Pistas para su lectura JUAN PABLO ESPINOSA ARCE Magíster© en Teología (PUC Chile) Licenciado en Educación Profesor de Religión y Filosofía (UCM Chile) juanpablo.231190@gmail.com jpespinosa@puc.cl Como es ya tradición, el Papa Francisco envía a la Iglesia su mensaje de Cuaresma, como una forma de ir preparando el corazón para vivir este tiempo litúrgico de preparación a la Semana Santa y a las Fiestas Pascuales. El título del mensaje para este 2015 es “Fortalezcan sus corazones” (St 5,8).Lo que queremos hacer en esta columna es ofrecer algunas pistas para su lectura, identificando los temas principales que Francisco aborda y cuáles son los desafíos para la vivencia eclesial de la Cuaresma. A nuestro juicio lo presentado en el mensaje no se limita a los cuarenta días previos a la Semana Santa sino que constituyen una oportunidad para que como cristianos podamos estar en conversión y renovación permanente, como ha sido el deseo de la Misión Continental y de Aparecida. En primer lugar presentaremos el esquema del Mensaje. 1. Presentación 2. Pasajes bíblicos para la renovación del Pueblo de Dios 2.1 “Si uno mismo sufre, todos sufren con él” (1 Co 12,26) – La Iglesia 2.2 “¿Dónde está tu hermano? (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades 2.3 “Fortalezcan sus corazones” (St 5,8) – La persona creyente Francisco presenta tópicos recurrentes en sus mensajes, Exhortaciones Apostólicas o Encíclicas. Uno de ellos es presentar la Encarnación del Verbo como centro de la historia de la Salvación, fundamento del cristianismo y sentido de la Iglesia. En el caso del mensaje para la Cuaresma 2015, la Encarnación aparece contrapuesta con la indiferencia, y más aún con la llamada globalización de la indiferencia, concepto que aparece dos veces. ¿Cuáles son las características de este fenómeno mundial?: - Nos olvidamos de los demás. - No nos interesan los problemas de los otros, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen. - Experimentamos una actitud egoísta y un malestar global. - Nos cerramos en nosotros mismos. - Hay dureza del corazón y vivencia del odio. Ahora bien ¿cómo se manifiesta la Encarnación en el contexto de la globalización de la indiferencia? ¿Tiene algo que decir el Dios encarnado en Jesucristo a una sociedad opaca y fragmentada (Documento de Aparecida)? La Encarnación lo que viene a hacer es humanizar una sociedad deshumanizada, en palabras de Francisco “la Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad”. Si la sociedad propone la indiferencia como paradigma de comprensión y de fundamento de las relaciones interpersonales, la Encarnación constituye un elemento que unifica y da sentido a nuestra historia humana, esto porque este Misterio constituye, a nuestro juicio, un proyecto de humanidad. Algunas de las características que Francisco plantea para significar la Encarnación como superación de la indiferencia son: - “Dios no es indiferente a nosotros, sino que está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos” - “Cada uno de nosotros le interesa (a Dios); su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede” - Dios Padre nunca se olvida de nosotros ni tampoco es indiferente al mundo “hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre” - “En la Encarnación se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre” Ahora bien, y si “la Cuaresma es un tiempo de renovación (…) un tiempo de gracia” ¿quiénes deben renovarse? El Papa Francisco hablará de toda la Iglesia como sujeto de renovación, y lo hace bajo la comprensión de Pueblo de Dios. Se habla de la Iglesia como tal porque es toda ella la que necesita renovarse. Francisco sostiene “cuando el Pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente” y más adelante se lee “el pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo”. La Iglesia no necesita recetas mágicas para poder convertirse, sino que debe únicamente ser fiel y escuchar atentamente al Dios que habla, y que lo hizo de manera radical en Jesucristo por medio de la Encarnación. El tema de la escucha es también recurrente en el Magisterio del Papa Francisco . Así él nos dice “necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan” en otro lugar “la Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios”. Que Francisco hable de los profetas no es algo ingenuo, ya que ellos tienen una función social y política que denuncian justamente esta indiferencia que el hombre tiene o con Dios o con los hermanos. En Cuaresma se vuelve necesaria una Iglesia más profética que despierte al mundo dormido en la globalización de la indiferencia. El último tema que queremos considerar en estas pistas de lectura del Mensaje de Cuaresma que hemos querido proponer es el tema de la índole escatológica de la Iglesia que Francisco está leyendo desde el Capítulo VII de la Constitución Lumen Gentium sobre la Iglesia en el Concilio Vaticano II. Sobre la índole escatológica de la Iglesia se dice que: - La Iglesia es communio sanctorum, comunión de los santos tanto por la participación de los santos como por la comunión con cosas santas. - Lo escatológico de la Iglesia permite, a juicio de Francisco, “superar los confines de la Iglesia en dos direcciones” 1. Unirnos a la Iglesia del cielo en oración. 2. Vivir como Iglesia en salida asumiendo que la naturaleza de la misma Iglesia es ser misionera. La Iglesia en salida se actualiza en las comunidades y parroquias, es decir, se sigue una eclesiología de la Iglesia particular propia del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín del CELAM el año 68’. En la Iglesia local estamos llamados a vivir la alegría de la victoria de Cristo resucitado, la cual nos permite “superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón”. Sólo así haremos de nuestro corazón uno semejante al de Cristo, que es “fuerte y misericordioso, vigilante y generoso”. La Cuaresma nos propone vivir la renovación desde el centro mismo de la Iglesia, desde las bases (parroquias y comunidades). Es todo el Pueblo de Dios que se sabe peregrino y escatológico que vive la alegría de la Pascua. ¡Buen camino cuaresmal!

jueves, 25 de julio de 2013

Discurso del santo padre Francisco a los jóvenes argentinos en Brasil

Discurso del santo padre Francisco a los jóvenes “Gracias por el gesto. Yo le sugerí a quienes organizan el viaje si podría haber un lugarcito para encontrarme con ustedes. Y en un día y medio armaron todo. También quiero agradecer a ellos. Quisiera decir una cosa: qué es lo que espero, como consecuencia de la JMJ. Espero lío… sabemos que en Río va a haber mucho lío, ¡pero quiero lío en las diócesis!. Quiero ver que la Iglesia se acerque a la gente, quiero que nos despojemos del clericalismo, lo mundano, el estar encerrados en nosotros mismos, en nuestras parroquias, colegios o estructuras, porque ellas son para salir. Que me perdonen los curas y los obispos si algún comentario puede meterlos en líos. Es un consejo. Gracias. Miren, yo pienso que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los polos de la humanidad. Exclusión a ancianos, por supuesto, porque no se los cuida. Y exclusión de los jóvenes sin trabajo. ¡El índice de gente sin trabajo es muy grande!. No tienen experiencia de la dignidad que se gana por el trabajo. Esta civilización excluye a las dos puntas. Ustedes tienen que hacerse valer. Los jóvenes tienen que servir. Luchen por esos valores. Y los viejos, transmitan. No claudiquen de ser la reserva cultural de nuestro pueblo y quienes transmiten la justicia, la historia, los valores, la memoria del pueblo. No se metan con los viejos. Déjenlos hablar. Que Dios se haya hecho uno de nosotros es un escándalo. La cruz sigue siendo escándalo, pero es el único camino de salvación, desde la encarnación de Jesús. Por favor, no licúen la fe en Jesús. Hay licuados de manzana, naranja, pero por favor, ¡no tomen licuado de fe! ¡La fe es entera! Jesús es quien me amó y murió por mí. Hagan el bien, cuiden a los extremos del pueblo y no se dejen excluir. Y no licúen la fe en Jesús. También las bienaventuranzas. Si querés saber qué cosas prácticas tenés que hacer, leé Mateo 25. Las bienaventuranzas y Mateo 25, y no necesitan nada más. Se los agradezco de corazón. Le agradezco la cercanía, y me da pena que estén enjaulados. Yo vivo un poco así, y se los confieso: qué feo es estar enjaulado. Gracias por acercarse, gracias por rezar por mí. Se los pido de corazón, necesito su oración. Les voy a dar la bendición y vamos a bendecir la imagen de la Virgen de Luján que va a recorrer misionariamente todo el país. No se olviden: hagan lío, cuiden los dos extremos de la historia del pueblo y no licúen la fe.

viernes, 8 de marzo de 2013

Tiempo de Cuaresma

Gente: les paso material que les pueden interesar: * Para motivar el tiempo de Cuaresma: acabo de descubrir un hermoso video con una bonita canción, aunque poco conocida, de Luis Guitarra. La canción se titula "Siempre junto a tí" y, desde mi modesta opinión, refleja la confesión de fe del autor que, a la vez, es una invitación a seguir a Jesús en la vida y en la cruz, dando nuestras capacidades y nuestro amor allí donde hagan falta para que el ser humano viva su vida con dignidad. Además, el video tiene diversas imágenes, del estupendo dibujante cristiano conocido por Fano, que van siguiendo la letra de la canción, poniendo imagen al mensaje de la misma, ayudándonos a comprender que el amor de Jesús es desinteresado y sincero, pues lo da todo, hasta la vida, sin esperar nada a cambio, pero es precisamente ese amor el que hace que el hombre descubra cuál es el camino de la felicidad. Sirve para iniciar en clase, quizás, un diálogo sobre los caminos que tiene el ser humano para ser feliz, aunque para el autor de la canción parece que sólo hay uno ¿Cuál será? https://www.youtube.com/watch?v=1NiRi_9CaYs&feature=player_embedded * Les dejo aquí la letra: Siempre junto a ti Cuando estés cansado, yo te ayudaré. Cuando todos huyan, yo me quedaré. Juntos en la vida, juntos en la cruz, siempre junto a tí, Jesús. Clavarán tus brazos, clavarán tus pies. Yo estaré a tu lado, te acompañaré. Te daré mis manos y mi corazón, te daré todo mi amor. No hay otra manera, no hay ninguna opción. Ese es el camino de la salvación. Al morir por otros, siempre vivirás, Dios te resucitará. Cuando estés cansado, yo te ayudaré. Cuando todos huyan, yo me quedaré. Juntos en la vida, juntos en la cruz, siempre junto a tí, Jesús. Clavarán tus brazos, clavarán tus pies. Yo estaré a tu lado, te acompañaré. Juntos en la vida, juntos en la cruz, siempre junto a tí, Jesús, siempre junto a tí, Jesús. (letra y música: Luis Guitarra)

miércoles, 28 de noviembre de 2012

La crisis del clero

Les paso un artículo interesante sobre La crisis del clero del teologo José M. Castillo Adital nov212012 La noticia circula por la red. Y es tema de cometarios preocupados y preocupantes. Se trata de esto: por cada 10 sacerdotes que mueren en Europa, se ordena de presbítero 1 seminarista. A este paso, si no se produce muy pronto un milagro impensable, ¿qué futuro le espera a la Iglesia en el continente donde reside el centro de la cristiandad y que ha difundido la fe por todo el mundo? Insisto: si las cosas no cambian muy pronto, de aquí a diez años, el catolicismo será un residuo histórico, una curiosidad del pasado, reducida a casi nada, y que se recordará como ahora recordamos los tiempos antiguos, cuando a los herejes se les quemaba en la plaza pública o los esclavos se compraban en el mercado. Por supuesto, es posible que estas estadísticas no se ajusten exactamente a la verdad de los hechos, por igual y en todas partes. Eso, sin duda, puede suceder. Y seguramente sucede. De hecho, el Vaticano y la Conferencia Episcopal difunden, de vez en cuando, informaciones que aseguran un aumento de vocaciones en la Iglesia. Y puede ser que, algún que otro año, eso sea cierto. En todo caso, hay hechos que nadie me puede negar. Hace más de quince años, hablé detenidamente con un sacerdote francés que, ya entonces, me dijo que era párroco de cuarenta parroquias. Y conste que, ante mi asombro, me insistió: "Sí, ha oído Usted bien. Hablo de cuarenta parroquias”. Y añadió: "A lo más que alcanzo, los fines de semana, es a poder decir siete misas”. Ahora, hace pocos días, un cura amigo, que ha estado en la vendimia del sur de Francia, con trabajadores de su pueblo, me contaba la impresión que le ha hecho ver que los párrocos son casi todos africanos, venidos del Congo, o rumanos que han huido de la penosa situación de su país. Las consecuencias, que todo esto arrastra, le llaman la atención a cualquiera. Por ejemplo, es notable la cantidad de iglesias y conventos que se están vendiendo, en Alemania, Holanda, Austria, Francia…, para dedicarlos a centros comerciales, salas de cultura, almacenes, hoteles, etc. En la mayoría de los conventos, lo que predomina son los ancianos y ancianas, mientras que los noviciados se han agrupado porque ya quedan pocos y además están medio vacíos. Y conste que los síntomas, que se palpan en Europa, se empiezan a notar en otros continentes, por ejemplo, en no pocos países de América Latina. Hoy, con el exceso de información que funciona por todas partes, este tipo de fenómenos nunca son estrictamente locales. ¿Quiere decir esto que la Iglesia se hunde y desaparece? No. Lo que quiere decir, por lo pronto, es que el tipo de sacerdotes, obispos y papas, que viene teniendo la Iglesia, desde hace un siglo, ya no sirve para estos tiempos y para la cultura dominante. Pienso que esto no es una hipótesis. Es un hecho, que ahí está, a la vista de todos. Es más, no se trata sólo del tipo de personas que ocupan esos cargos. El problema está en los cargos mismos. Quiero decir: la Iglesia se tiene que organizar de otra manera. Se les tiene que dar más poder de participación a los laicos. Más presencia a las mujeres. Más autoridad a las Conferencias Episcopales en el gobierno general de la Iglesia. La Curia Romana tiene de cambiar de manera radical. El poder supremo, en la Iglesia, no puede seguir concentrado en un solo hombre, el papa. Está visto que de esa manera la Iglesia no puede ni aceptar en ella el complimiento de los derechos humanos. Muchos menos, el Evangelio. Por supuesto, debe modificarse el sistema económico de las diócesis y del Vaticano, que, cuanto antes, debe dejar de ser un Estado. Tiene que pensarse muy en serio si lo mejor para la Iglesia es mantener esa forma de presencia de pompa y boato que lleva consigo cualquier obispo, cualquier cardenal y no digamos si es que hablamos del Vaticano y del papado. Todo eso, tal como lo ve la gente, no se parece, prácticamente en nada, a los que leemos en el Evangelio. Mientras la Iglesia no afronte en serio estas cuestiones, esto no tiene arreglo. Y, además, le queda poco tiempo. Sin olvidar que ninguno de los cambios, que acabo de mencionar, son cuestiones que tienen que mantenerse porque son verdades obligatorias de la fe cristiana. Todo lo contrario, si es que nos atenemos a la forma de vivir que escogió Jesús, tal como la relatan los evangelios. ¿Qué vendrá después, si lo que tenemos se hunde del todo? ¡Cualquiera lo sabe! [Fuente: Blog Teología sin censura].

lunes, 20 de agosto de 2012

El buen samaritano

Les comparto una parábola para trabajar con chicos y grandes: El buen samaritano Un hombre bajaba hacia Jericó y en medio camino el pobre topó con unos ladrones que sin compasión le dieron de palos hasta que cayó... ¡Sáquenme de aquí que estoy medio muerto, no quiero morir en este desierto! a Ayuda pedía sin saber a quién pasó un sacerdote de Jerusalén fingió no escucharle aunque oyó muy bien y haciendose el sordo se alejó de él. ¡Sáquenme de aquí que esto mal herido, no quiero morir en este camino! Al cabo de un rato se acerca un levita y viendo al herido que le solicita dando un rodeo el encuentro evita, apresura el paso y se pierde de vista. ¡Sáquenme de aquí que estoy medio muerto, no quiero morir en este desierto! a Asertó a pasar un samaritano que es un extranjero allí despreciado. Al ver las heridas de aquel pobre hermano se compadeció, le tendió la mano. Curó sus heridas con aceite y vino, con mucho cuidado lo subió al colino. En una posada del pueblo vecino lo dejó encargado y siguió su camino. Díganme quién fue del prójimo hermano: si fue el sacerdote o el samaritano. O si fue el levita...¿cuál fue el más humano?

jueves, 19 de julio de 2012

Un cuento sobre la amistad y el perdón

LOS CLAVOS EN LA PUERTA Hubo una vez un niño que tenía muy mal genio. Su padre le regaló una caja de clavos y le dijo que cada vez que perdiera el control tenía que clavar un clavo en la Parte trasera de la puerta El primer día El niño había clavado 37 clavos en la puerta. Durante las próximas semanas, como había aprendido a controlar su rabia, la cantidad de clavos comenzó a desminuir diariamente. Descubrió que eras más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la puerta. Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos. Le contó a su padre sobre ésto y su padre le sugirió que por cada día que se pudiera controlar Sacara un clavo Los días transcurrieron y el niño finalmente le pudo contar a su padre que había sacado todos los clavos El padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: “Haz hecho bien, hijo mio, pero mira los hoyos en la puerta. La puerta nunca volverá a ser la misma. Cuando dices cosas con rabia, dejan una cicatriz igual que ésta. Le puedes clavar un cuchillo a un hombre y luego sacárselo. Pero no importa cuántas veces le pidas perdón, la herida siempre seguirá ahí” Una herida verbal es tan dañina como una física. Recuerda que los amigos son joyas muy escasas. Te hacen reir y alentarte para que progreses; te prestan un oído, comparten palabras de aprecio y siempre quieren abrirnos su corazón

jueves, 29 de marzo de 2012

REFLEXIÓN SOBRE EL VIERNES DE SEMANA SANTA 2012

Les comparto un compilado de reflexiones sobre el dolor humano y su sentido desde la experiencia cristiana ( Basado en artículos de Panigazzi, Mariani y grupo Renacer).

EL SENTIDO DEL DOLOR

Nos enfrentamos en esta semana a uno de los misterios de la vida: la muerte y el dolor humano. En particular nos centramos en la muerte de Jesús y lo recordamos especialmente el Viernes Santo.
En la tradición de la Semana Santa se suele insistir mucho en los dolores de Jesús. Se los suele colocar en el máximo de las posibilidades del ser humano. En realidad, en nuestro tiempo, podemos constatar dolores más horribles que los padecidos por Jesús: en las cárceles, en los países excluidos, en las torturas, desapariciones, discriminaciones, en la eliminación de personas con los métodos más crueles y a completa sangre fría.
La idea de que el dolor de Jesús “viene de arriba”, de que el Padre lo entrega para quedar satisfecho con su sacrificio por nuestros pecados, es contagiada del paganismo que mantenía el favor de los dioses contentándolos con sacrificios. De allí ha brotado entre los cristianos, una espiritualidad del sacrificio que muchas veces llega al masoquismo.
Por lo tanto, el sacrificio de Jesús no es por obediencia a la Voluntad de Dios, como si Él quisiera su muerte. Es por obediencia a la Voluntad de Dios, pero enfrentada a la voluntad del mundo, de los que viven de acuerdo al espíritu del mundo. Y es ese espíritu del mundo el que causa su muerte, no querida por Dios. La muerte de Jesús se explica por su historia y su propuesta. No por un “decreto de arriba” sino por “decisiones de abajo”: de los poderes de este mundo.
La bondad de Jesús abarcó toda la dimensión de la persona y por eso tuvieron que eliminarla. Su dolor es por y para nosotros. Y allí está su sentido profundo.

UN DIOS EXPULSADO DE LA HISTORIA
Una de las causas de la incredulidad y el ateísmo de nuestro tiempo es la no aceptación de que Dios pueda permanecer impasible ante tantas desgracias que se abalanzan sobre las personas, los inocentes tanto como los culpables y, a veces, hasta con ventaja de estos últimos. Tragedias como las de los terremotos, tsunamis, inundaciones que arrasan con vidas, los accidentes, la tragedia de Once…Todo esto lleva a la conclusión de que Dios no existe o al menos a la duda.
Hay otra manera de juzgar la realidad y es la que sugiere la Biblia. Dios entra en la historia a través del dolor. Por la pobreza, la persecución, la intranquilidad, el desamparo, el rechazo, la cruz. Por eso las bienaventuranzas proclaman el privilegio de los pobres y los que sufren. Porque abren paso a Dios en la Historia. Porque el sufrimiento es una puerta para que ese Dios de amor pueda entrar en la historia sin oprimir y sin suprimir al hombre.
El dolor, que es un modo muy intenso de compartir nuestras limitaciones, tiene en él un sentido de amor, porque es con, por y para nosotros. Es un dolor que él soporta durante toda su vida, ya que es un defensor de la causa del hombre y de la mujer, de su libertad, de su dignidad, de sus derechos y, por eso, molesto para los opresores, los aprovechadores, los soberbios, los excluyentes, los discriminadores de cualquier clase. Y esto causa su muerte.


EL SENTIDO DE NUESTROS DOLORES
Nos detenemos en ese sentido del dolor de Jesús, porque es fundamental para los cristianos. En la vida cristiana, el dolor que se soporta o se enfrenta es para ser consecuente con sus principios, para dar felicidad o defender el derecho de los demás. Ese dolor tiene sentido en sí mismo, porque está impulsado por el amor y supone una superación constante de nuestra debilidad y nuestros egoísmos.
Pero, también tenemos que preocuparnos de recuperar el sentido del dolor más vulgar y cotidiano. El que nos disminuye, nos desgasta, nos oprime, desde las injusticias irremediables, la desocupación, la enfermedad, la depresión psíquica, la pérdida de los seres queridos y otras tantas situaciones difíciles en que nos pone la vida.A veces, la solución se pone en la actitud resignada ante Dios que “si así lo dispone, será por algo” Y este razonamiento, aunque pueda causar resignación y así producir una paz aparente, constituye una verdadera ofensa a Dios, que se ha rebelado contra el dolor, y que quiere liberarnos y hasta ha sido capaz de “dar la vida por los amigos”.
La primera actitud ha de ser entonces recurrir a todos los medios para evitar el dolor. El propio y el ajeno. Nunca se puede pensar que uno se conforma mejor a la voluntad de Dios sufriendo que venciendo al dolor.
Pero, muchas veces esta lucha no conduce a una desaparición del dolor. Y entonces también, desde nuestras posibilidades humanas tenemos que buscarle sentido.
Hablamos en este caso de una situación en la que el sufrimiento no es tan tremendo y no nos anula la posibilidad de utilizar nuestras facultades. Mientras eso es posible, un primer sentido hay que encontrarlo en la solidaridad con los que sufren. No dejar que el dolor cierre nuestros ojos ni nuestros corazones al dolor de los demás. Sufrir con los que sufren, para comprenderlos, para buscar su alivio. Es casi una ley que quien no ha sufrido una cosa concreta no puede entender con algo de profundidad el sufrimiento de los demás y se considera superior o inmune. Aprovechar el sufrimiento para comprender, es ya un sentido muy importante para nosotros mismos y delante del Dios del amor. Así dice de Jesús la carta a los Hebreos: “que compartiendo nuestros sufrimientos, es capaz de comprendernos”.
POR Y PARA LOS DEMÁS
Cuando, a pesar del dolor, uno puede llegar a la conciencia de que su propio sufrimiento puede resultar fortaleza y aliento para los demás, cuando desde el propio dolor se traspasa el natural sentido de encerrarse en él y uno se preocupa por descubrir qué cosas pueden significar alivio para la situación de los demás, el dolor adquiere su sentido redentor asemejándose al de Jesús.
Muchas experiencias muestran que, aún en enfermedades incurables o situaciones terminales, la dedicación al servicio de otros ha constituido el principal alivio y hasta, en algunas oportunidades la curación de los propios males.
De todos modos, cuando el dolor no es suficiente para vencernos en nuestra disponibilidad afectiva y efectiva para acompañar a los que nos rodean, produce una compañía que es como una devolución aliviante para nuestros propios sufrimientos. Muchas veces la soledad de los que sufren puede deberse a su falta de disponibilidad para buscar la felicidad de los otros, o para aceptar su presencia y su buena voluntad para ayudar.

FRENTE A LA CRUZ DE JESÚS
El dolor de Jesús es plenamente con, por y para nosotros. En este camino se descubre sentido al sin-sentido del dolor humano. Con la lucha por evitarlo, acompañamos a ese Jesús que no fue indiferente ante ningún sufrimiento y curó a todos los que encontró en su camino. Con la solidaridad para compartir agrandamos nuestra dimensión interior y entramos en la comprensión de los dolores ajenos. Con la conciencia de que a nuestro lado sigue habiendo necesidades y colaborando desde el dolor y la limitación a la preocupación por solucionarlas, convertimos nuestra situación dolorosa en un modo de amor y así entramos de lleno en el sentido cristiano.